jueves, 2 de diciembre de 2010

La Cruzada de Teba

La Edad Media es un tiempo lleno de historias que contar. El honor en la nobleza de aquel momento hizo que fueran numerosas las gestas de los caballeros en busca de gloria y salvación. Esta es la historia de una de estas gestas que llevaría a un héroe escocés de su tierra a un pueblo de Málaga que aún recuerda su paso en unas fiestas muy especiales.

Tras la independencia que los escoceses consiguieron en Bannockburn (1314), su líder Robert the Bruce fue coronado como su legítimo rey. Sin embargo, la victoria sobre los ingleses no había eliminado su deseo de combatir en Tierra Santa. La lepra no obstante acabó con sus pretensiones, si bien su leal conde James Douglas decidió tomar el corazón de su rey y tras guardarlo en un cofre de plata inició un viaje para conseguir la salvación eterna de su señor.

No obstante, el tiempo de las Cruzadas había pasado y los reinos europeos se interesaban en otros asuntos más importantes exceptuando el reino de Castilla, inmerso en una Reconquista contra los musulmanes. A pesar del total desconocimiento que tenían acerca del combate con sarracenos, James Douglas presentó a Alfonso XI su apoyo para combatir como aliado. Dicho y hecho. Tras los fastos con los que fueron recibidos, en agosto de 1330 la pequeña hueste escocesa presentó batalla a los musulmanes en el Castillo de la Estrella en la localidad malagueña de Teba.

Los castellanos debieron de enmudecer cuando apenas 50 escoceses con espada en ristre iniciaron el ataque a caballo. Al frente del mismo, James Douglas, el fiel y leal escudero del libertador Robert the Bruce, quién en una acción recogida en las crónicas medievales, tomaría con su mano el corazón de su rey lanzándolo contra los infieles mientras gritaba: “Muéstranos el camino, yo te seguiré o moriré”.

Dicen que algunos actos de valentía son consecuencia de la locura de los valerosos. Así fue para sir James Douglas. Su misión fue un éxito que le costaría la vida a manos de aquellos que su rey esperaba vencer en justa batalla. Fue Alfonso XI quién la obtuvo finalmente, enviando el corazón ya “bendecido” en Cruzada de vuelta a Escocia junto con el cuerpo de su protector. Hay que entender aquella época y sus ideales para comprender actos como los de Douglas, que por otro lado son los que no mueren a pesar del tiempo. Ejemplo son las fiestas de Teba donde la memoria de un corazon valiente se continúa honrando.



























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