miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿Estamos solos?

Eran las 20 horas y 17 minutos (según el horario internacional) de un 20 de julio del año 1969. La misión espacial más importante de nuestra historia había conseguido un éxito inimaginable, se había alcanzado nuestro satélite más cercano, la Luna. Un mundo muerto, lleno de incontables impactos de meteoritos fue lo que los expedicionarios del Apolo XI pudieron observar durante las horas que disfrutaron en la superficie lunar. Años antes, un cosmonauta de la URSS Yuri Gagarin fue el primer hombre en viajar al espacio en la Vostok I. El primer ser humano en observar que más allá de las nubes que pueblan nuestros cielos no había ningún dios, solo un vacío oscuro, casi infinito.

La competición por conseguir alcanzar las metas más lejanas en el espacio se realizó, no nos equivoquemos, por causas puramente políticas y militares. La Guerra Fría entre el comunismo y el capitalismo ocasionó guerras, pero al mismo tiempo avances tecnológicos que en muchos casos aun estamos disfrutando en la actualidad. No nos olvidemos de aquella maravillosa red interna norteamericana llamada ARPANET, base de nuestra actual red de redes, Internet. No obstante este es otro tema aparte.

En la actualidad, en un mundo que parece estar a punto de volver a explotar nuevamente, numerosos gobiernos se están planteando proyectos de volver al espacio: crear bases militares en la Luna o estaciones espaciales orbitales son solo la punta del Iceberg de un racimo de propuestas que pueden acabar por erigirse en una nueva carrera espacial. China puede convertirse en el nuevo rival de USA. El propio Administrador de la NASA Michael Griffin afirmó sin tapujos en 2007 que China volvería a la Luna antes que los yanquis. Pero si la Luna ahora es el inicio de dicha competición ¿Cuál será el final?

A pesar de todo, los logros espaciales durante la Guerra Fría permitieron que la ciencia diese pasos agigantados en el terreno del conocimiento espacial. El desarrollo de nuevos campos dentro de la física, biología y astronomía dan buena fe de lo que estoy hablando. Sin embargo uno de los que más se han desarrollado durante los últimos años a tenor de los nuevos descubrimientos es el de la exobiología, una rama entre la biología y astrofísica que está interesada en la búsqueda científica de vida en los exoplanetas, es decir, planetas fuera de nuestro sistema solar.

Lo que puede parecer en un principio ciencia ficción puede ser una realidad quizá en unas décadas, el descubrimiento de vida orgánica en otros mundos diferentes al nuestro. No estoy hablando de civilizaciones en estadios evolutivos similares o superiores al nuestro, pues quizá aun estamos muy lejos de hallarla, sino de vida microorgánica o incluso animal. No obstante los 450 exoplanetas hallados hasta la fecha tienen pocas posibilidades de ser aquel que torne los libros acerca del espacio y de la vida. En su mayoría son gigantes gaseosos, como lo es Júpiter en nuestro sistema solar, si bien hay algunos que resultan interesantes como el Gliese 581 d, un cuerpo celeste cuyo efecto invernadero podría producir temperaturas en su superficie a las que perfectamente se podría adaptar la vida. Su descubrimiento levantó mucho entusiasmo entre la comunidad científica internacional hasta el punto de que uno de los grandes gurús de la astronomía y miembro del Proyecto SETI, Seth Shostak, se interesó por el envío de mensajes de radio a dicho sistema. El proyecto Hello from Earth alcanzó más de 25.000 mensajes de diferentes partes del planeta procediéndose a su envío en agosto de 2009. Su llegada está prevista para el año 2029.

Y es que afortunadamente los hay aun como Shostak, personas que desafiando el inicial escepticismo de numerosos científicos acerca de la posibilidad de existencia de vida más allá de nuestras fronteras globales, persiguen ese sueño sin caer en el amarillismo y en el sensacionalismo que tradicionalmente despierta tales informaciones. Algo parece que está cambiando en la mente de nuestros científicos, algo que ya se vislumbraba con el tristemente desaparecido Carl Sagan. Éste fue uno de los precursores de una de las aventuras más apasionantes de la ingeniería espacial, el de las sondas Pioneer X y XI en su ruta fuera del Sistema Solar.

Fueron Carl Sagan y otro gran personaje de la aventura espacial, Frank Drake, quienes insistieron a la NASA la incorporación de dos placas de oro con varias inscripciones acerca de nuestro planeta de origen, la Tierra, la vida en el mismo, una descripción física del ser humano y de nuestra situación estelar. Un auténtico mensaje en una botella dirigido a alguna cultura extraterrestre que con el paso de los siglos, quizá los milenios puedan recogerla y soñar, como nosotros hacemos, sobre quienes fuimos y como vivimos. Posiblemente Sagan y Drake terminen siendo como un naufrago en mitad de un océano infinito y nunca reciban respuesta. Pero lo que no cabe duda son los demoledores datos que ofrece la ciencia acerca de nuestro cosmos. Se estima que en el universo observable existan cien mil millones de galaxias, y que solo una, la Vía Láctea, nuestro hogar, posea solamente 200.000 millones de estrellas, donde una de ellas, el Sol, es el eje de nuestro sistema solar, aquel en el que se halla la Tierra. Parafraseando el famoso film “Contact”, si de verdad estuviésemos solos en el universo ¿Cuándo espacio desaprovechado, no crees?







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